Yo soy feliz. Estoy triste
- ejenorte

- 18 ago
- 1 Min. de lectura
✨El español nos regala algo único: poder ser y estar. Esa diferencia nos permite abrazar emociones que parecen contradictorias, pero que conviven en nosotros. Ser feliz y estar triste no es un absurdo: es la integración de lo humano.
Walter Riso habla del “derecho a no ser feliz”, un gesto de rebeldía frente a la presión de la positividad tóxica. Esa exigencia de “estar siempre bien” termina negando emociones necesarias como la tristeza, el enojo o la vulnerabilidad.
La trampa de la positividad tóxica es que invalida lo que sentimos.
Se escucha en frases como:
👉 “Bueno, mirá el lado positivo”.
👉 “No estés triste, sé fuerte”.
👉 “Todo pasa por algo”.
¿Quién gana, el pensamiento o la emoción?
Muchas veces estamos tan atrapados en lo que pensamos que dejamos de observar lo que sentimos, y ahí es cuando la emoción no expresada empieza a gobernarnos desde las sombras.
Si en cambio nos detenemos y observamos, sucede algo distinto: la emoción pierde su peso automático y se transforma en un sentimiento consciente. La emoción es biológica e inmediata; el sentimiento aparece cuando esa emoción se hace consciente y podemos darle un sentido.
🌱 La salida no es tapar lo que duele, sino integrar.
Validar primero (“es lógico que te sientas así”), y recién después abrir un espacio de esperanza.
Esa es la positividad realista: la que no niega lo humano, sino que lo abraza.
La resiliencia no es evitar la tristeza, sino permitirnos sentirla sin dejar de caminar.
Al final, como dicen: la aceptación es sanación.







Comentarios